
Amerian Rafaela Hotel
Sobre este hotel
La piscina en la azotea es la razón para recordar esta dirección en una ciudad construida en torno a las cooperativas lecheras y no al turismo, con vistas sobre los tejados bajos de Rafaela y el campo llano más allá del Boulevard Lehmann. Los días aquí se reparten entre reuniones de negocios cerca del centro compacto y momentos más lentos en el sauna o un masaje reservado en el mostrador del spa, mientras la terraza solárium capta la última luz antes de cenar en la cafetería del propio hotel. Las habitaciones familiares y el aislamiento acústico mantienen la estancia cómoda para padres que viajan con niños, y el desayuno buffet cubre terreno suficiente para evitar una segunda parada antes de volver a la Ruta 34. En conjunto se parece menos a un complejo turístico y más a un hotel de negocios bien llevado que tiene la suerte de contar con una piscina de verdad, algo que en Rafaela sigue siendo una rareza.